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Septiembre 23 a 30 de 2.006
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Lámparas
para el camino
Por Padre Diego Jaramillo
En
El Minuto de Dios estamos tratando de guiar nuestra vida iluminados
por diez lámparas de gran intensidad:
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Amar
El amor es la fuerza que todo lo mueve. Como lo quiso Jesús,
el amor es para nosotros el gran mandamiento. Debemos amar a Dios y
al prójimo. A toda clase de personas, aún a aquellos
que nos contradicen y nos atacan. De modo especial, amamos a los
pobres, a los enfermos, a las personas vulnerables, y amamos a
Colombia, nuestra Patria.
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Orar
y proclamar
Nuestro objetivo principal es anunciar a Jesucristo
con la fuerza del Espíritu Santo. Para lograrlo, necesitamos
conocer la Palabra revelada y necesitamos orar. En nuestro trabajo,
queremos estar siempre acompañados y protegidos por Dios.
Queremos ser hombres y mujeres de fe. Los ateos, los escépticos,
los incrédulos no encuentran en El Minuto de Dios su lugar
apropiado.
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Comprometernos
Aunque nos falten la luz, el pan y el agua, nunca nos deben faltar
los pobres. Pero no sólo como palabras hermosas, sino como
metas de nuestra búsqueda y nuestro compromiso. Son nuestra
opción preferencial: no únicamente como un tema de
reflexión, sino como las manos que se nos tienden con la
esperanza de que les demos las nuestras.
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Servir
El padre García Herreros nos dijo: “Que nadie se quede sin
servir”. Somos ministros del desarrollo integral. No queremos ser
apáticos, sino activos y entusiastas constructores de un país
nuevo a base de justicia, de libertad y de paz. Como Jesucristo,
debemos estar para servir y no para ser servidos. Debemos ser
artesanos de la verdad, a base de sencillez y de humildad.
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Trabajar
El trabajo no es una maldición ni un castigo. Es la
oportunidad que Dios nos brinda de colaborar en su obra creadora.
Por eso no podemos escatimar esfuerzo ni desperdiciar el tiempo ni
rehuir las posibilidades de empeñarnos, con lo que somos,
sabemos y tenemos, en ayudar a los demás.
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Colaborar
No vivimos solos en el mundo. Formamos parte de una sociedad y de
una Iglesia y, además, nos integramos en una organización.
En ellas nos consideramos hermanos y miembros de un gran equipo.
Necesitamos también aliarnos con otras entidades que persigan
objetivos parecidos a los nuestros.
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Dar
El Minuto de Dios ha vivido de la generosa contribución de
muchos amigos y del esfuerzo de sus empleados. Pero lo que hemos
recibido no es para conservarlo, sino para entregarlo. Queremos ser
generosos, queremos superar la codicia y el egoísmo. Queremos
desapegarnos gratuitamente de lo que gratuitamente recibimos de Dios
y de nuestros bienhechores.
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Ser
honrados
En El Minuto de Dios no hay lugar para la corrupción
ni para las indelicadezas. No es posible que olvidemos el ejemplo de
pulcritud y desprendimiento de nuestro fundador. No necesitamos de
lujos ni de boato. Somos canales cristalinos que dejan pasar lo que
les llega, sin retener lo que no nos pertenece.
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Crear
Estamos invitados a crear, a imaginar nuevos servicios a la Patria.
Debemos roturar caminos nuevos, campos inexplorados. Debemos abrir
puertas, tender puentes, lanzar iniciativas. Debemos investigar,
sabiendo que siempre habrá respuestas diferentes y soluciones
distintas. El Creador es nuestro Padre y nuestro modelo.
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Ser
alegres
Con el gozo que da el deber cumplido, con la entusiasta
esperanza que anhela la cosecha, con la ilusión de la Nueva
Tierra y el Nuevo Cielo de que nos habla Dios. Es mayor la alegría
en el que da que en el que recibe, y es grande la paz que se
comunica a los demás con respeto y con urbanidad.
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